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Maestro, ¿cómo descubrió su gusto por el arte? Yo creo que descubrí el arte viendo arte. Cuando terminé la preparatoria en el 47, tuve la oportunidad de viajar a Europa. Después de la guerra, estaba todo muy destruido y sin embargo, estaban los grandes museos. Disfruté de una intensa emoción al ver las grandes obras de la humanidad.
¿Eran momentos de inquietud? No se trataba de inquietud. Yo quería ser artista, pero estudié una carrera oficial, me hice mi propio currículum adaptado a mis necesidades, buscando siempre los mejores lugares, los mejores maestros. A final de cuentas, mi primera exposición individual fue en el año 1954, lo cual quiere decir que si desde el 47 empecé a buscarle, pues me tardé muchos años en considerar que ya había logrado algo digno de exponerse, en realidad invertí siete años en comparación con tres o cuatro que habría requerido en la escuela.
Yo tengo la inquietud de lograr transmitir un sentimiento con mis pinturas o esculturas. Si no emociono al público por lo menos tengo que emocionarme yo mismo. Ahora que si a mí me gusta, tengo más probabilidades de contagiar al público, de comunicar, porque el arte es comunicación. Sólo firmo y enseño las obras que creo que valen, las que me han dejado ese goce estético. Al leer acerca de su vida y obra, emerge una personalidad muy inquieta en búsqueda constante de nuevas técnicas, de nuevas opciones. Además de esculpir y pintar, ¿ha explorado otras facetas del arte? Bueno, creo que esa faceta de la constante búsqueda de nuevas opciones es una condición básica de quien pretende hacer arte, porque el arte es creación, es invención y si se empieza a repetir deja de haber emoción. En realidad, el artista va enriqueciendo su obra, va evolucionando. Hay momentos en que se notan más los cambios y momentos que se ven más lentos, pero así es la dinámica de la creación.
Durante mucho tiempo hice escenografía para teatro con Alejandro Jodorosky a finales de los 50´s, principios de los 60´s y posteriormente con él mismo, hice escenografía para cine. También soy arquitecto aficionado. Hice siete u ocho casas nada más por el gusto de construir. Yo las diseño, yo las invento, yo las construyo como maestro de obras... Hago arquitectura pero siempre como amateur. Ya me jubilé pero di clases en diferentes instituciones durante 30 años. Dentro de mi actividad de escultor, entre los años 60´s y 70´s, hice muchísimos relieves escultóricos. Con ellos pretendí integrar la escultura con la arquitectura. Pero es imposible realizar ésta actividad sólo, razón por la cual monté un taller y contraté 6 ó 7 ayudantes. Había que conseguir contratos, y a veces me encargaban dos edificios al mismo tiempo o alguno con urgencia. También hubo periodos en que no conseguía chamba y en esa época para no cerrar el taller me dediqué a diseñar artesanía. Maestro, esto de diseñar artesanía, ¿en qué consiste? Desde el inicio de mi carrera me he dedicado al arte llamado abstracto que no es tan popular como el arte figurativo. Resulta que si quieres hacer figuras que se vendan a bajo precio en cualquier lugar, tienes que crear modelos buscando el gusto del público.
Yo sin saberlo, compré uno muy semejante en Oaxaca... nunca me imaginé esta conexión. Pues lo que pasó es que esa creación se transfirió al pueblo, es un ejemplo de la función social del arte cuyo origen es la artesanía que por su carácter repetitivo y de fácil realización se vuelve popular . También hice unos muñecos de fierro para las Olimpiadas del 68 que representaban deportistas de todas las disciplinas olímpicas, que también se siguen fabricando. Yo lo que hice fue un modelo único y después lo mandé reproducir, pero después surgió el fusil y se empezó a comercializar. Sabemos que está por inaugurarse el Museo Manuel Felguérez en Zacatecas, su tierra natal, ¿que significa esto para usted?
El Estado restaura edificios antiguos y los destina para museos. Nos han dejado a los pintores la labor de poblar sus contenidos. El de Pedro Coronel es una colección básicamente de arte universal. Tiene piezas de Egipto, Grecia , Roma. Objetos que él adquirió a lo largo de su vida, logrando una colección muy sorprendente. El Museo Rafael Coronel empezó con una impresionante colección de máscaras y ahora tiene además varias salas de arte prehispánico y una colección entre la que destacan algunos dibujos de Diego Rivera.
El edificio es bellísimo, funcionó primero como convento y posteriormente como cárcel. Ha sido restaurado cien por ciento al antojo de nosotros y digo de nosotros porque Meche, mi esposa, me ha apoyado en todo. Por un lado, muchas de las donaciones personales eran del patrimonio común y por otro, ella se ha encargado de solicitar a otros artistas la donación de su obra, obteniendo una respuesta generosísima . El Museo tiene patios, un hermoso auditorio y un taller de grabado profesional. Creo que será una institución de primer nivel tanto por el espacio, como por la colección y por las actividades que se desarrollarán. Para su creación ha habido cooperación tanto de Bellas Artes como del gobierno del Estado y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Y usted, ¿se siente satisfecho con el Museo? Sí claro, estoy muy entusiasmado. ¿Es el reconocimiento al que le tiene más cariño? Bueno, es un reconocimiento en cierto sentido, pero más que eso es la oportunidad de creación. Inventar un museo, sus bases y hacerlo realidad paso a paso es también un reto a la creatividad. ¿Ha participado en la museografía del lugar? En la museografía no, ya que el Instituto Nacional de Bellas Artes es el responsable de la colección y ellos proporcionan museógrafos y restauradores. Hace unos años tuvo un periodo de producción en donde la computadora fue utilizada como una herramienta creativa. En esa época, a principios de los años 70s yo era maestro en San Carlos, y la clase que daba se llamaba Composición de la Estructura del Cuadro. Para esto se recurría a la geometría porque ésta como parte de las matemáticas es exacta y puede uno notar los defectos y virtudes y como sistema de aprendizaje es absolutamente útil. Dando esta clase mi obra tuvo que irse adaptando a lo que yo enseñaba, porque es muy difícil enseñar una cosa y hacer otra. Entonces fui llevando mi producción a demostrarme a mí mismo lo que tenía que enseñar a los estudiantes, se trataba de un campo de experimentación, de creación y de invención.
Se sabía que la función principal de la computadora era acelerar los procesos de cálculo. Puesto que la funciones de la Universidad son la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura, se me ocurrió entonces investigar qué posibilidades tenía la computadora de usarse como instrumento en el diseño de la creación artística. Se trataba de una idea original y conseguí que me aprobaran mi investigación, razón por la cual pasé a ser investigador de tiempo completo. Las computadoras de aquel tiempo no tenían nada que ver con las de ahora, eran unos cajones enormes y no se comunicaba uno con ellas más que a través de tarjetas. Al poco tiempo de haber empezado con mi investigación, llegaron a México las dos primeras pantallas, una era del Instituto de Matemáticas y otra estaba al servicio de toda la Universidad. Me dieron permiso de trabajar en una de éstas, una hora a la semana. Empecé en cero y como no había programas para dibujar tuve que inventar uno, claro, con el apoyo de gentes que sabían de programación. Después hice una recopilación de fotografía de mi obra de los 25 años anteriores y geometricé todos los cuadros. Esto es, sobre una fotografía ponía un papel albanene y lo que casi era un círculo, lo hice un círculo y lo que casi era un triángulo, lo hice triángulo y con eso intenté un programa estadístico en la computadora. Me salió una revoltura horrible, no salió nada, yo metía cosas muy ordenadas y salían desórdenes, entonces, después de un año, fallé. No me di por vencido e intenté con la Teoría del Factor de Equilibrio, basada en que todo cuadro tiene un centro que es donde las formas pesan menos y a medida que las formas se alejan de este centro son más pesadas. Según lo anterior, si usando la imaginación pusieras las formas en el aire y le insertaras un alfiler al centro, se vería que esa forma pesa más de un lado que del otro, lo que provoca un giro. Como todas mis obras estaban hechas en ese momento por pura intuición, se podían predecir los parámetros de giro, y se detectó que giraban más al lado derecho que al izquierdo. Fue entonces posible medir la velocidad del giro que era característica de mi obra y era un elemento extra que se podía utilizar para alimentar un programa estadístico. De esta forma se indicaba a la computadora que desechara todo lo que no tuviera esa velocidad de giro, logrando así una forma de identificar lo mío. Empezaron a salir algunas formas que tenían que ver con los datos que yo había introducido a la computadora. Se trataba de ideas geométricas que no podían ser más que mías porque esa era mi forma y mi sistema. Sin embargo, el proceso era sumamente lento porque toda la comunicación con la computadora era a través de tarjetas que se perforaban con base en fórmulas matemáticas que la computadora procesaba. En el 75 se habían desarrollado mucho las computadoras y los programas empezaban a ser más parecidos a los actuales, pero en México no había posibilidades de ir rápido y decidí pedir una beca Guggenheim, misma que me otorgaron. Me fui a la Universidad de Harvard que en ese momento contaba con la máxima tecnología. Me dieron un cubículo con una computadora y pude empezar a trabajar en serio, junto con un ingeniero en sistemas a quien le gustaba el arte. Empezamos a trabajar conjuntamente en un programa, yo desde Boston y el Ingeniero desde New York, lugar al que le mandaba mis resultados para que él los procesara; él trabajaba en una compañía que también nos apoyo permitiendo la investigación en sus laboratorios.
Lograr ese proceso, era para mí una demostración de que la máquina además de tener una inteligencia artificial podía tener una sensibilidad artificial y es que los datos que yo le daba no eran lógicos, sino basados en la sensibilidad y sin embargo la máquina aprendió. Es importante aclarar que lo que obtenía no eran cuadros, la computadora me proporcionaba el diseño y la estructura. Se trataba de dibujos que se llaman ideogramas, porque me proporcionaban la idea y además los usaba para hacer una pintura o una escultura. Hice cuadros chicos porque vivía en un mínimo departamento en Boston, y así los hacía, pasando las ideas que iban saliendo de la computadora a la realidad, al lienzo. También hice una escultura. Con estas obras se montó una exposición en el Carpenter Center de Harvard.
Toda esta experiencia de pionero dentro del campo de la computación, en el aspecto del diseño fue superada muy rápidamente debido a la velocidad con que la tecnología se fue enriqueciendo con programas en ese campo. Ahora en vez de tener que inventar cómo dibujar, compras software y ya puedes dibujar lo que quieras. Empezaron a salir tantas posibilidades y tuve tentaciones de todo tipo. Por ejemplo, mis dibujos salían como hechos con regla y lo que a mí me interesaba era dotar a esas líneas de la imperfección de los trazos naturales "hechos a mano" y lograr así la identificación de una obra a partir de estos rasgos, como sucede en la autentificación de firmas en los bancos. Estaba yo muy metido en esto, cuando me di cuenta de que si seguía
con la computadora podría yo se La computadora evidentemente es un instrumento como cualquier otro, muy útil para ciertos procesos de creación. Por ejemplo no creo que exista un solo diseñador actual de libros que no tenga su computadora, porque facilita el trabajo y lo acelera. Cuando yo quiero crear un cuadro o una escultura, me cuesta de 10 a 15 días y en ocasiones hasta un mes en inventar algo nuevo. Hago dibujos que no sirven y de repente sale una idea y la empiezo a trabajar y a pulir hasta que llego al objeto. Este proceso es muy largo, comparado con los 11 segundos que la computadora tardaba en darme un ideograma. Pero sucede que lo que hace, como ahora dicen es virtual, lo puedes diseñar perfecto, lo puedes hacer perfecto, pero al final de cuentas los colores presentados son lumínicos, es decir, no son colores reales, como tampoco lo son las combinaciones ni los tonos. No obstante en diseño es muy útil. También hay quienes han intentado que la obra se quede tal como aparecen en la computadora, dando lugar al computer art. ¿Tiene usted pensado volver a utilizar la informática como instrumento de creación? Pienso que no, pero nunca sabe uno el futuro. Del año 80 para acá mi obra ha podido evolucionar, ha encontrando nuevas posibilidades y estoy totalmente vuelto loco con lo que estoy haciendo.
Que en realidad nunca había abandonado. No, nunca los abandoné, pero le di parte de mi tiempo a las computadoras.
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