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Por Germán Castro Ibarra (gcastro@agseso.com)
y Manuel Del Castillo Negrete (manueldelcastillo@mac.com)
Septiembre, 2002.

Vivimos un momento de transición profunda entre una sociedad de corte
industrial y otra marcada por el procesamiento de la información y las
telecomunicaciones. El uso de la informática afecta de manera directa
e indirecta todos los ámbitos de la sociedad; redefine la realidad, ya
que modifica la forma en la que se producen y distribuyen los bienes y
servicios, las relaciones internacionales, e incluso puede modificar la
forma en la que nos interrelacionamos y divertimos. Para tener una idea
de la magnitud de sus efectos en la sociedad y en la vida de las personas,
podemos compararla con dos transformaciones que contribuyeron a hacer
de nuestra civilización lo que es hoy: la revolución agrícola y la revolución
industrial.


Por cientos de miles de años la humanidad vivió en grupos nómadas que
se alimentaban de la caza, la pesca y la recolección. Sin embargo, hace
alrededor de 10 mil años, el hombre aprendió a cultivar alimentos y a
criar animales, ocasionando una verdadera revolución en la estructura
social: las personas dejaron de desplazarse para establecerse en pequeñas
aldeas que fueron la base de la civilización.
La sociedad agrícola. A partir de ese momento las creencias
comenzaron a cambiar, aparecen las religiones, que eran cuerpos de creencias
inexistentes hasta ese entonces: Las estructuras de organización más simples
como la tribal, poco a poco dieron paso a gobiernos y reinados. La vida
de las personas se rigió por los ciclos de la siembra y la cosecha, lo
que se reflejaba en las fiestas dedicadas a sus dioses, sus ceremonias
y costumbres y su idea de la vida en general. Esta sociedad, profundamente
arraigada al campo, evolucionó a través de varios siglos hasta la siguiente
revolución social, provocada por la máquina de vapor.

Hasta hace apenas unos 200 años, la organización social se estructuraba
en torno a la agricultura, pero algunas circunstancias de gran importancia
habían cambiado y estaban por dar paso a un nuevo tipo de civilización.
He aquí la cadena de sucesos.
Una tierra redonda. Se descubrió que el planeta era redondo y
que tenía continentes hasta hacía poco desconocidos. Estos descubrimientos
dieron cabida a una época de exploraciones, conquistas y colonizaciones
que estimularon el comercio internacional y la producción de bienes.
Más gente. En segundo lugar, mejoras importantes en la
agricultura que hicieron más productiva la explotación agrícola de la
tierra, como la rotación de cultivos, y una larga etapa de bonanza económica
en los países europeos, provocaron que la población creciera rápidamente
generando de esta manera más trabajadores que los que podían ocuparse
en el campo. Estas personas se trasladaron a las pequeñas ciudades llamadas
burgos, en busca de empleos.
El resultado. Todo esto configuró una situación favorable a la
producción de bienes que lleva gran crecimiento de los pequeños burgos
que se dedicaban a la manufactura. En los talleres se dio empleo a buena
parte de los desplazados del campo, y así se conformó el nacimiento
de las sociedades urbanas propias del capitalismo.
La
máquina de combustión interna.En estas circunstancias
se desarrolló la primera máquina de combustión interna. Al principio funcionó
con carbón y más adelante con petróleo y sus derivados y después con electricidad.
El empleo de máquinas en la producción resultó tan conveniente que a partir
de ellas se comenzaron a hacer cambios profundos en la organización de
las fábricas, como la división especializada del trabajo y la producción
en serie. Más adelante estos cambios repercutieron en la estructura de
la sociedad misma, sus ciudades y sus leyes. Para darnos una idea del
poder de la máquina, baste recordar que a fines del siglo XIX, 100 años
después de su introducción en Inglaterra, la productividad por habitante
había crecido cerca de un 400 por ciento.
Una nueva sociedad. Con la revolución industrial la sociedad dejó
de girar en torno a la agricultura y el ámbito rural para dar paso a una
civilización urbana, en torno a las ciudades, con la fábrica como institución
predominante. La sociedad funciona desde entonces de acuerdo a los ritmos
de la producción industrial y las jornadas laborales. El trabajo se mide
con base al reloj, las fiestas y celebraciones que tienden a dejar atrás
sus significados agrícolas, para centrarse más en el consumo y dar satisfacción
así a sistemas de producción cada vez más exigentes. Con la revolución
industrial la sociedad cambia de manera muy dramática, generando una era
de extraordinarios progresos y nuevos retos en todos los campos de la
actividad humana.

Por más de 200 años la economía mundial se sustentó en un aparato industrial
en permanente expansión y perfeccionamiento técnico que logró grandes
avances: de 1800 a finales del siglo XX la población mundial pasó de poco
más de 900 millones de personas a 6 mil millones, un crecimiento nunca
antes visto, debido en buena medida al progreso de la medicina y al aumento
de la productividad en todos los campos de la economía. En un lapso histórico
tan breve se tuvo un gran avance en materia de educación. Se logró que
más de la mitad de los habitantes del planeta fueran a la escuela y aprendieran
a leer y escribir, mientras que a principios del siglo XIX sólo una minoría
tenía esa habilidad. El número de universidades e institutos de estudios
superiores se multiplicó exponencialmente y se crearon decenas de nuevas
carreras. En síntesis, el conocimiento de la humanidad se multiplicó varias
veces. Todo ello gracias a una sociedad industrial mantenida en movimiento
principalmente gracias al poder de la electricidad y el petróleo.
En
los últimos años del siglo XX la difusión masiva de las tecnologías de
la información y las comunicaciones han generado la llamada revolución
informática que ha dado origen a una nueva época que se conoce como sociedad
de la información. El motor que impulsa la economía pasa de ser los combustibles
y la electricidad a ser la información. Para comprender cómo sucedió esto,
detengámonos por un momento en algunos acontecimientos clave de los últimos
30 años.
Telecomunicaciones a escala global. A lo largo del siglo XX algunos
de los inventos más importantes de las primeras etapas de la era industrial,
como el telégrafo y el cine, evolucionaron, se diversificaron en otros
medios como el teléfono o la televisión, y se popularizaron, convirtiéndose
en importantes canales de comunicación. Sin embargo, no es sino a partir
de la década de los setenta que su alcance se amplía a nivel global y
su cobertura se expande a todos los rincones. Los avances en la tecnología
de satélites hicieron posible que la televisión se convirtiera en un medio
mundial de comunicación. En 1969 se estableció la primera red global de
telefonía y en la década de los años noventa el uso del cable de
fibra óptica, elevó exponencialmente la capacidad de las redes de telefonía.
A finales del siglo XX el mundo contaba ya con una sólida red global de
telecomunicaciones que han hecho del mundo, un lugar más pequeño.
Nace la microcomputadora. Después de una larga cadena de inventos
y descubrimientos, en 1971 se creó el microprocesador, artefacto llamado
a generar profundos cambios en la sociedad. En 1975, aparecen las primeras
computadoras personales como máquinas de escritorio que hacían uso de
él como su unidad central de procesamiento. Estas microcomputadoras, mostraron
ser tan útiles y versátiles que desde entonces, se utilizan en una gran
diversidad de actividades humanas. Esto se ha visto favorecido por la
reducción de su costo. Cabe señalar, la ley que observaba Gordon
Moore (fundador de Intel, la empresa fabricante de microprocesadores más
grande del mundo), indica que su potencia se ha duplicado y su precio
disminuido a la mitad cada 18 meses, Es así como las computadoras personales
se han convertido en las herramientas características de nuestra era.
Un sistema económico global basado en la información,
su procesamiento y comunicación. A partir de la década de los
años setenta, las economías de los distintos países iniciaron un
proceso de globalización que dio lugar a una nueva dinámica del sistema
económico mundial, en el que los países son cada vez más dependiente de
lo que sucede en los otros. Este proceso de globalización económica ha
permitido la vinculación de mercados de productos y servicios de diferentes
países. Las empresas que participaron en las cadenas de producción provienen
de varios países, esto ha generado nuevos retos y grandes oportunidades
a la compañías que han sabido enfrentarlos.
La competitividad. A su vez, la globalización introdujo modificaciones
esenciales en la naturaleza de la economía. Por ejemplo, cambió las reglas
de la competencia: para subsistir en un mercado que se extiende a lo largo
y ancho del mundo con una infinidad de variaciones y características,
las empresas necesitan ser muy flexibles para adaptarse a las condiciones
de cada lugar, y además de creativas y ordenadas para poder establecer
alianzas comerciales y redes de compra, procesamiento y venta de materias
y mercancías. El factor central de éxito, en este caso, es la capacidad
de obtener y procesar toda la información de manera casi instantánea.
Ésto les permite identificar oportunidades de nuevos mercados,
coordinar a las distintas unidades de producción, controlar los inventarios,
y conocer lo que está haciendo la competencia. La información de esta
manera, se convierte en un recurso estratégico gracias a que puede ser
generada y procesada por computadoras y transmitida a través de las redes
de telecomunicaciones.
La productividad. Para que las empresas sean exitosas y tengan
una mayor competitividad, la globalización las ha obligado a aumentar
su productividad: deben producir un número cada vez mayor de bienes y
servicios a un costo siempre menor y han alcanzado esta meta optimizando
sus procesos gracias al potencial que ofrece esta tecnología para manejar
la información: la espina dorsal de las grandes compañías está formada
por redes de computadoras y dispositivos de telecomunicación que hacen
más eficientes y expeditos todos sus procesos, desde los administrativos
hasta los de producción. En este caso como en la competitividad, el recurso
estratégico es la información.
En
síntesis, la globalización ha fomentado un sistema económico dominante
que tiene en el procesamiento y la comunicación de información su factor
estratégico, dejando atrás el viejo esquema económico industrial que giraba
en torno al dominio de las fuentes de energía. Hoy, todos los ámbitos
de la economía se han visto afectados de manera indirecta o directa por
el uso de las microcomputadoras y las telecomunicaciones.
Una nueva sociedad. El uso de las tecnologías de la información
no se ha restringido únicamente al campo de la actividad económica. Como
todas las actividades humanas involucran de alguna manera el uso de información,
su empleo se ha extendido al resto de la sociedad. Las computadoras y
las telecomunicaciones se encuentran prácticamente en todas las áreas
de gobierno, controlan el tráfico de las principales ciudades, están presentes
en los institutos científicos y empiezan a tomar un lugar importante en
los hogares y, por ejemplo, hoy una de las áreas de mayor crecimiento
en la industria del software está en la producción de juegos para computadoras.
Su impacto ha sido tan radical, que hoy sería impensable el funcionamiento
de la sociedad sin las tecnologías de la información. Sin embargo su número
es pequeño si se compara con el total de habitantes en el planeta: más
o menos un tercio de éstos nunca ha usado el teléfono, sólo cerca del
9% de la población mundial cuenta con acceso a las computadoras, el 3%
posee un teléfono celular y aproximadamente el 5% tiene acceso a Internet.
¿Cómo es posible que tecnologías distribuidas en cantidades tan restringidas
en términos absolutos, puedan ocasionar cambios tan grandes? Según
Manuel Castells, un destacado estudioso de la sociedad de la información,
su importancia está dada porque la mayoría de los aparatos y las infraestructuras
informáticas y de telecomunicaciones se concentran en los países más desarrollados
y en los polos de mayor modernidad de las naciones intermedias y pobres,
acaparando las principales funciones políticas y económicas de la sociedad.
Las tecnologías de la información han permeado en toda la sociedad debido
a cuatro características que presentan:
Capacidad
de Penetración. Que se debe a su poder de procesamiento es
cada ves mayor al mismo tiempo que su precio va constantemente a la baja,
y cuenta con aplicaciones para casi cualquier campo de interés.
Ver
ejemplo.
Interconexión. Su naturaleza de procesadores y transmisores
de información hace que sea relativamente fácil interconectarlas. Además
de que multiplica sus posibilidades de procesamiento y operatividad.
Flexibilidad. Su funcionalidad permite emplearlas en una gran
diversidad de operaciones.
Convergencia. Estas tecnologías tienden a integrar elementos antes
dispersos en otras áreas, como el video o la posibilidad de enlazar en
red un número mayor y cada vez más artefactos.

Para nosotros, resulta prácticamente imposible dimensionar la trascendencia
del instante histórico en que nos
tocó vivir, justo porque formamos parte de él. Muchas son
las analogías que podrían traerse a cuento para dimensionar
nuestro rol de actores del cambio; por ejemplo, ¿tú crees
que Rodrigo de Triana, aquel marinero español que en 1492 divisó
América desde el mástil de una carabela, pudo conscientizarse
de la trascendencia del momento en el que gritó "¡tierra,
tierra a la vista!"? Seguramente no.
Esto es sólo un ejemplo pues se trata de algo mucho más dramático en la
actualidad, debido a la velocidad del cambio.
¿Pero, cuál es el fundamento técnico que hace que las tecnologías de
la información se hayan propagado a todas las áreas de la acción social,
de tal suerte que podemos hablar de una revolución informática? El fundamento
se encuentra en la digitalización y las redes informáticas, dos temas
que trataremos en el siguiente capítulo.
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